lunes, 14 de enero de 2008

Veo tu casa

EL ÚLTIMO DE LA FILA: AVIONES PLATEADOS

Ayer se cumplieron diez años desde que El Último de la Fila anunció su separación. Una década en la que ambos han seguido en el mundo de la música. Manolo García ha reventado estadios y listas de ventas con canciones cada vez más clónicas (ojo, bendito clonismo) y Quimi ha retomado sus discos en solitario, experimentales, divertidos, raros. A Manolo lo hemos visto en especiales de Navidad, en discos homenaje (Miguel Ríos, Serrat) y recientemente con su hermana Carmen, cuyo grupo se llama como ella. A Quimi lo entrevimos en conciertos de Albert Plà.

Tampoco es que el grupo dejara un hueco irremplazable en la música, pero sin duda se fueron con una coherencia difícil de igualar y representan una era que ya no volverá. Es la única formación de la época que no se ha reunido al calor del dinerillo, nunca han sacado un disco en directo y nunca han hecho versiones. Curioso ¿no?

Datos aparte, durante esta larga década yo les he echado de menos muchísimo. En mi adolescencia sí marcaron una época y suyos son recuerdos que nadie me podrá robar, que me llevan a verles como amigos que conocieran mi vida y mis problemas, y es que me han acompañado mucho desde que los descubrí, allá por el 89 o 90. Digámoslo claro: he escuchado compulsivamente toda su discografía, millones de veces. Para conmemorar la fecha de su desaparición, quiero compartir una de sus mejores canciones, Aviones plateados. Este tema se edita por primera vez en el 85, en el segundo lp de la banda, Enemigos de lo ajeno y será uno de los elegidos para aparecer en el grandes éxitos remozado que es Nuevas mezclas. El grupo acaba de despegar, empiezan a llenar grandes aforos y se escuchan muchos singles suyos, como el siempre recurrente Insurrección.

Enemigos de lo ajeno, ya lo dijimos en otra ocasión, es un disco muy mediterráneo y muy urbano. Combina sonidos aflamencados y étnicos con letras que van desde las declaraciones de principios vitales (mi patria en mis zapatos, mis manos son mi ejército; las palabras son cansancio o soy un accidente, un error de medida, un viajero de barro que se lleva la corriente) hasta las frases surreales con más o menos significado (¿para qué sirve una hormiga; me siento hoy como un halcón llamado a las filas de la insurrección). Pero sobre todo, este disco es una colección de canciones de amor y desamor, teñidas de melancolía (no me acostumbro a estar sin ti) y, a pesar de lo que pueda parecer por lo peculiares que resultan algunas de las imágenes que evoca, son las canciones de amor de los chicos de extrarradio, de los que habitan en grandes barriadas cuyos edificios parecen inmensos en las tardes de domingo. Así, EUDLF describen con metáforas a veces dudosas y giros complicados sentimientos bastante sencillos, primarios y puros -te amo como se ama por primera vez, cuando aún no hay costumbres-, llegando a compararse a animales de caza (a lo lejos te veo correr, espérame, dime que eres tú [...] soy zorro veloz otra vez, fui castigado a volver, dime a dónde vas) y hablando de relaciones cotidianas e imperfectas (a veces te busco y sólo quiero sexo, sólo quiero tu cuerpo y tú me dices que no somos felices).

En este contexto, digamos que Aviones plateados es una historia de celos, ni más ni menos. Con ese arranque ya clásico en el pop español (veo tu casa desde mi balcón) EUDLF nos cuentan el relato de alguien que quiere hacer suya a su enamorada hasta que ella se harta y se marcha. Un hombre que vive enfrente de su amada y vigila su ventana mientras sufre la soledad irreversible. ¿Y qué diablos son los aviones plateados? Vaya usted a saber... Pueden ser aviones, simple y llanamente, en un paisaje de fachadas y tendales; puede ser un presagio de guerra y desgracia; podrían ser estrellas si no fuera porque la ropa está tendida al sol... Cosas de Manolo y Quimi. Me quedo con el retrato muy acertado y doloroso de ese chaval que se siente abandonado, quién sabe si cornudo, celoso y estúpido: No sé de qué me quejo, ya tengo lo que quiero. Soy libre ante el espejo, no salgo ahora que puedo. El que nunca se haya sentido así, que tire la primera piedra...




EL ÚLTIMO DE LA FILA: AVIONES PLATEADOS
Enemigos de lo ajeno - 1985


Veo tu casa desde mi balcón...
chimeneas y tu ropa al sol.
Aviones plateados
rozando los tejados.
Vestido y en la cama
vigilo tu ventana.

Miro libros de pintura que robé.
No tengo hambre. Hoy no comeré.
No sé de qué me quejo,
ya tengo lo que quiero.
Soy libre ante el espejo.
No salgo ahora que puedo.

Y tú siempre dices que soy un alma del averno.
Tendré que darte la razón, quizá sea cierto.
Siempre suelo querer lo que no tengo.
Y ahora que ya no estás aquí me voy consumiendo.

Ropa sucia, cuadros que he "pintao",
discos viejos, "to" por ahí "tirao".
Barba de quince días...
no me levantaría.
Desorden en campaña.
Ahora sé que me engaña.

Credenciales de posesión, qué tontería...
Estos celos me han "abrasao". No sé qué me creía.
Y yo que decía, por fin, ahora la tengo,
y ya estaba a la vuelta de "tó". A ver si aprendo...

Y tu carta me confundió.
Ahora lo entiendo.
Tu mirada me lo advirtió:
nunca más vuelvo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Enhorabuena, soy seguidora de EUDF casi desde que nací y considero [i] Aviones Plateados [/i]como una de sus canciones más especiales, no quizá la más compleja ni rebuscada, en realidad es bien sencilla. Pero al menos a mí siempre me ha transmitido unas sensaciones de soledad, de melancolía, de desesperación... ya sea por el lenguaje, por la guitarra que lo acompaña, por el retrato de ese barrio, de ese edificio, de ese apartamento de mala muerte... Y sí, estoy de acuerdo contigo en que se trata de una canción sobre celos y desengaño...

Ah, y tengo una teoría sobre los aviones! quizá está situada en un barrio marginal de las afueras, cerca del aeropuerto, es por eso que los aviones [i] rozan los tejados [/i]



Gracias por hacerme recordarlos

Un abrazo


[b] Karla [/b]