jueves, 7 de junio de 2007

Homenaje a Carlos Berlanga

CUMPLIRÉ LOS 120 SIN TI



El pasado martes, 5 de junio, se cumplían 5 años de la muerte de Carlos Berlanga y no quería dejar pasar la oportunidad de rendirle un pequeño y personalísimo homenaje. Muchas webs han analizado sesudamente su trayectoria y su figura (interesantísimo por ejemplo: http://jenesaispop.com/2006/06/04/carlos-berlanga-discografia/), yo simplemente quiero decir que echo mucho de menos al dandy elegante y nihilista, hijo de uno de los hombres más geniales que ha dado nuestro cine.

El paso por Kaka de luxe-Pegamoides-Dinarama de Carlos fue sonado y forma parte del inconsciente de miles de treintañeros de la época (aconsejo el libro de Rafa Cervera sobre Alaska y la movida). Carlos era el tímido, el retraído, el niño bien excéntrico al que sus padres ponían hora de llegada a casa, hasta que dejó de llegar, perdido en caminos que más tarde le pasarían factura. La relación con sus compañeros acabó, como se suele decir, como el rosario de la aurora, por lo que muchos han definido como un "choque de egos". Se enfrentaban tres personalidades creativas con cierto brillo, algunas más que otras: Alaska, la acaparadora y mediática, provocadora precoz acostumbrada a figurar en primera línea; Nacho Canut, amigo de la infancia de Carlos que se sentía a gusto en segundo plano componiendo gran parte de las canciones, y Carlos Berlanga, mente lúcida y tan brillante como la de su compañero, al que permanecer en la sombra pronto dejó de convencerle. Carlos se sentía con derecho a gritar "aquí estoy yo" y razón no le faltaba. Probablemente él renegaba de ese concepto de la movida que practicaba su amiga Alaska, "nos dividimos entre los que se tiñen y los que no", y él nunca se tiñó, siempre adoptó una actitud estética distante favorecida por un atractivo y una elegancia innatos. Eso sí, Carlos se sumergió de lleno en la movida, en sus excesos y en su ideología, el divertirse y probar sensaciones sin pensar que algún día llegarían los 90.



Berlanga era un creador en múltiples vertientes. Suyo es el cartel de Matador, como muchos cuadros que pintó, y era un excelente compositor de melodías y letras, sobran las explicaciones sobre esto. El caso es que cuando se lanzó a su aventura en solitario debutó con El ángel exterminador (1990), cuyo primer single, que daba título al disco, llegó a sonar en emisoras comerciales gracias a su estribillo a ritmo de samba, que casi es una declaración de principios: Harto ya de todas todas, harto de estar harto, me harté de mí. Buscaré las ruinas de una antigua civilización para destruir de nuevo lo que todo el mundo destruyó, seré un ángel exterminador. Arcángel de la destrucción.

El disco pronto caería en el olvido, pasando a engrosar las gavetas de ofertas de grandes superficies, que fue precisamente donde yo me lo pude comprar, años después. Tenía un par de canciones pegadizas además de ésta (El verano más triste, con Miguel Bosé, o En el volcán) pero el resto rozaban lo mediocre.



Carlos vuelve a la carga en 1994 con Indicios, uno de sus trabajos más brillantes. Con portada pintada por él, nos regala un trabajo lleno singles potenciales, de canciones super bailables y elegantísimas en su mayoría: Indicios de arrepentimiento, Traición, Tazas de té, Qué sería de mí sin ti (un experimento en el que Carlos retoma la historia de Cómo pudiste hacerme esto a mí, 10 años después), Si no es por ti... Brillante su versión de Aguas de março y curioso el francófilo C´est la France, en el que une todos los tópicos de nuestro país vecino. Contiene también una versión de Vainica Doble, La funcionaria, adaptada perfectamente a su mentalidad: yo no sé por qué hice esta oposición, en vez de estudiar corte y confección. Y en todas sus letras, cierto rencor sutilmente camuflado, quién sabe si hacia los que le habían dejado en el camino...


Vía satélite alrededor de... es el disco de la reconciliación con Alaska y Canut, en 1997. Él co-escribe algunos de los temas, ella le hace coros en algunas canciones y Carlos, con el título, sienta las bases de la amistad retomada: todos a su alrededor. Este disco es el patito feo de su carrera, todo el mundo reniega de él y sin embargo a mí me encanta. Me parece divertido, techno, muy superficial... perfecto para salir del armario y dejarnos ya de movidas trasnochadas. Carlos ahora viste en Zara, reivindica ciertos aspectos de la cultura basura sin caer en la vulgaridad de Alaska, y apuesta por bailar sin complejos, en pistas llenas de luces, pastillas y sombras. Las letras nos hablan de safaris, de galavisión, de cajeras seductoras, de parejas despiadadas... Mis favoritas: 120 años sin ti, Deja la lujuria un mes, Políticamente incorrecto, 2002 (con esa escalofriante premonición: ¿quién me querrá en el 2002?), El tiempo gana (sólo 15 días y ya te olvidé, dos semanas más y me enamoraré) o la muy bakala El paraíso perdido.


En 2001 Carlos publica su último trabajo, probablemente el más elegante y brillante de los cuatro: Impermeable. En él nos encontramos ante un Carlos maduro, que del hedonismo ha pasado a un ermitañismo similar al que practica su padre (el universo es mi enemigo, canta) y predica la indolencia y el esteticismo más que nunca, creando un universo muy Jordi Labanda. Incluso una canción humorístico-erótica como Vacaciones (¿qué prefieres, mantequilla o tulipán?) podría sonar en una fiesta en torno a piscinas con forma de riñón, como las que él describe, con mujeres indecisas a las que él decide llamar Lady Dilema, mucho más chic. A Cannes es una canción que me resultó de nuevo una premonición, cuando un par de años más tarde despidieron a su hermano Jorge Berlanga de la Mostra de Valencia, por no haber acertado con un festival moribundo desde hace años: soy un pobre cineasta más de los que pueblan esta ciudad, hasta tenemos un festival, pero yo quiero ir a Cannes.

Con Impermeable Carlos alcanza el cenit de su carrera pero los excesos de su vida ya le han alcanzado a él. Aquejado por una grave enfermedad hepática (digámoslo ya, una cirrosis), sufre largos ingresos hospitalarios cuya única solución es un trasplante improbable.

En aquella época Carlos ha vuelto al hogar familiar y sus padres, como los de todo hijo de vecino, están preocupados porque ven que el "niño" se les va sin que puedan remediarlo. Por motivos de trabajo, yo tenía un compañero que hablaba a diario con Luis García Berlanga y, al comentarle que Impermeable me había encantado, un día me lo pasó al teléfono. Berlanga me dijo, con una humildad que me enterneció, que el "niño" necesitaba ayuda para promocionar el disco y que por favor le hiciera una entrevista. Acto seguido tuve que llamar a la casa de los Berlanga, donde una empleada me pasó a un Carlos extrañadísimo que no quiso que le entrevistáramos, avergonzado como estamos todos cuando nuestros padres hablan de nosotros en la frutería. Nunca olvidaré aquel momento surrealista y sin embargo tan berlanguiano.

Coincidí con Berlanga padre el 3 de junio de 2002 y con lágrimas en los ojos me dijo que nadie podía imaginar lo que sufrían ante lo que ya era inminente. No supe qué decir. Carlos murió el día 5 y con él se fue lo que alguien acertadamente definió como "frivolidad inteligente", nada de movidas ni alaskas ni historias. Para mí, descubrimos al verdadero Carlos cuando se quitó de encima el lastre de los 80, que por supuesto son parte de su carrera y le formaron de alguna manera, pero fueron como el bosque que no nos deja ver el árbol. Un árbol cuyas ramas apenas entreveíamos en canciones como la de este vídeo, Deseo carnal, un bolerazo elegante, un desamor nostálgico y resentido, su especialidad.

Y como es verdad eso de que el tiempo pone a cada uno en su sitio, no hay más que ver cómo han discurrido las carreras de Canut y Alaska (a la que conste que admiro y respeto), su rentabilísimo estilo tirando a verbenero, su imagen y su personalidad, para saber que Carlos no tendrá nunca un sustituto. Adiós al dandismo bien entendido y a la ironía amable aunque punzante.

6 comentarios:

polo dijo...

Qué raro que nadie te pusiera ningún comentario a un texto precioso. Coincido contigo, sobre todo, en tu aprecio por el Vía satélite. En mi blog verás un alrgo texto sobre Carlos. Me ha enternecido (a mí, que voy de duro) lo que cuentas de los días finales de ese genio de los genios...

Ckarl dijo...

120 años sin ti Carlos, 120 años sin ti Flor, como superarlo? alguna idea??

Anónimo dijo...

Carlos Berlanga era gay, se sabe, pero cuando caminaba por la calle , conlo largo que era, siempre miraba hacia atrás por si alguien lo miraba a él o lo reconocía. Es significativo que para sus padres siempre fuera el "niño" que hacía cosas con un grupo y con la pintura.Seguramente hay mucho más en la obra de Carlos Berlanga que solamente canciones tontas para Alaska la vulgar, algún día alguien escribirá un libro sobre él y nos enteraremos de cómo pensaba realmente Carlos Berlanga y de por qué los dos hermanos sufrieron del higado. Y por qué ningún transplante llegó para ellos y sí para Raphael , Gerard Depardieu o Larry Hagman.

Mich Mach dijo...

Gracias por el relato, de verdad me gustó y me dá un sentimiento de tristeza leer esas palabras en especial su muerte...

Mich Mach dijo...

Gracias por el relato, de verdad me gustó y me dá un sentimiento de tristeza leer esas palabras en especial su muerte...

fer dijo...

Realmente un relato que te llega profundamente, con sensibilidad y fuerza, has dado una visión humana a una de las figuras mas emblemáticas de los 80´s. Siempre Carlos!!