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miércoles, 23 de junio de 2010

Domingo de cine

CHARLES AZNAVOUR: PARCE QUE
Gainsbourg (vie érotiqu.. digoooo, héroïque) ;)


Pues sí, el domingo para culminar un nuevo fin de semana grandicioso nos fuimos al cine, a ver el estreno de Gainsbourg (vie héroïque) en Cinema Jove. Mira que tenía yo ganas de hincarle el diente a esta peli que se estrenó a finales de enero en Francia y que ya había perdido la esperanza de ver. Pues no me decepcionó, es más, me sorprendió y mucho, por su estética y porque no es un biopic al uso.

Antes de empezar el propio director estaba allí para introducir su obra y dijo dos cosas interesantes. Que Gainsbourg (vie héroïque) es un musical “pero no como Cantando bajo la lluvia o Un americano en París”, y que había decidido mostrar en su película un París idílico, alejado de la realidad. “Sé que hay cineastas que entienden el cine como un reflejo de la realidad pero para mí el cine es cine, quizás es porque no me gusta la realidad de mi país”, dijo Joann Sfar, en un más que correcto español. Sfar debuta en el cine con esta película pero en realidad es un afamado dibujante de cómics, lo que queda patente desde los títulos de crédito; de hecho, Gainsbourg (vie héroïque) es una adaptación de una novela gráfica suya. Como biopic quizás resulte superficial pero es que esto es un cuento sobre la figura de Serge Gainsbourg, más que un relato exhaustivo de su vida. Durante dos horas se suceden varios episodios en los que se mezclan anécdotas reales, personajes fantásticos y escenas oníricas, ofreciendo un reflejo de la evolución de este artista: desde su niñez en la acomodada familia judía que potenció su talento para el dibujo y la música, hasta su debut en clubs nocturnos y, cómo no, la presencia de las mujeres en su trayectoria: Juliette Gréco, Brigitte Bardot, Jane Birkin, Bambou… Sin profundizar en exceso, Sfar quiere especialmente mostrarnos el interior de Gainsbourg, el por qué de su actitud y su personaje y para ello se inventa un amigo invisible, su “gueule”, que es su “jeta”, el alter ego que siente en sus adentros y que le permitirá luchar contra su fealdad y sus limitaciones y alcanzar la cima del éxito y del amor. Cuando consigue dar vida a su propio personaje tratará de alejar a este ser que, como adivinarán, jamás podrá separarse del hombre. La “gueule” es un personaje de carne y hueso, aunque sólo exista en la mente de Gainsbourg, interpretado por el mismo actor altísimo y extrañísimo que aparecía en El laberinto del fauno.

Pero sin duda lo que sobresale por encima de todo en esta película es el actor que da vida a Gainsbourg, Eric Elmosnino. Es tal el mimetismo que en algunos planos uno se sonríe fantaseando con la idea de que el viejo golfo siga vivo, en cualquiera de sus etapas vitales; de joven trajeado con cara de atontado, de moderno desaliñado o ya de cincuentón demacrado y pasado de rosca. Y no sólo eso, sino que Elmosnino canta todas las canciones y desde luego roza el notable alto, por lo acertado de su tono de voz y por su estilo. El actor consigue ser una fotocopia de Gainsbourg, en un proceso tan admirable que si ésta fuera una producción americana, podría como poco estar nominado en los próximos Oscars (aunque no perdemos la esperanza, acuérdense de Marion Cotillard en La Môme).

Muy acertadas también Laetitia Casta como Brigitte Bardot y Lucy Gordon, como Jane Birkin, con ese delicioso acento inglés al hablar francés, tan característico de la ex de Gainsbourg. Lucy Gordon se suicidó pocos meses de hacer la película y por eso Sfar se la dedica en los créditos finales.

Creo que Gainsbourg (vie héroïque) se estrena el mes que viene en el resto de España. Yo de ustedes no lo dudaba, especialmente si son admiradores del gran Lucien. Vayan a verla y luego me cuentan.

Como hemos escuchado a Gainsbourg decenas de veces por estos lares, me permito traerles a Aznavour con Parce que, la canción que Serge tararea en varias ocasiones en la película, reflejando que el armenio fue una influencia clave en su carrera. Aunque como le dice Juliette Gréco en una de las ocasiones en que le cita en su piso a altas horas de la madrugada, “si hubiera querido escuchar a Aznavour no le habría llamado a usted”.



Y aquí, para ponerles los dientes largos, un poco de Gainsbourg (vie héroïque).



viernes, 22 de mayo de 2009

Bajo el sol de la Toscana

DEAN MARTIN: ON AN EVENING IN ROMA










Se han librado ustedes por pelos de una paparruchada propia de días rojos. En su lugar, me he puesto a pensar en música italiana para ilustrar el fin de semana que tengo por delante y me he dado cuenta de que no me gusta la música italiana. No tengo ningún cantante preferido, me parece que casi todos suenan igual y vienen a mi cabeza sólo temas sueltos, eso sí, preciosos.

Así que me he dejado llevar por el cine y he recordado esta maravilla que si bien no está entre mis 130 mp3 favoritos, sí digamos la tengo entre mis all time favs. En la voz de Dean Martin (que por momentos me gusta más que Sinatra) suena este On an evening in Roma, que creo recordar que estaba incluido en la banda sonora de Mickey Ojos Azules, un bodrio protagonizado por Hugh Grant cuyo tema central, éste, nos gustaba poner allá por el Pleistoceno, cuando hacíamos un programa de radio de música y cine. Yo robé este single de la emisora. Lo confieso y hago bien en expiar mi pecado porque era una emisora católica, en la que un cura siniestro y feo vino un día a echarme una charla sobre cómo locutar y ser profesional. Claro. Trabajando gratis, los sábados a las 9 de la mañana. Claaaaro, claro.

En fin, que me desvío. No me voy a Roma (que si lo hiciera ya les había plantado el Three coins in the fountain de Sinatra) pero como me voy a otra de las ciudades más bellas de Italia, voy a ir entrando en calor con esta preciosidad. No deja de maravillarme cómo la voz humana puede tener esa cadencia y esa elegancia, incluso cantando en un idioma extranjero. Y héte aquí que buscando imágenes de una película que nadie debe perderse para pasar un buen rato, Bajo el sol de la Toscana, me encuentro con un trailer en el que suena de refilón el bueno de Dean. Ya saben, la historia real de una americana que huye de todo y compra un palacete en la Toscana. Después de verla me compré el libro pero me resultó aburrido, es infinitamente más bonito ver las aventuras y desventuras de Diane Lane en pantalla. Y esos paisajes, esa casa... Todo será que no vuelva con una escritura de propiedad firmada.

Feliz fin de semana.




lunes, 27 de abril de 2009

En bicicleta

HARVEY WEINSTEIN: BICYCLE
(THE POSTMAN, IL POSTINO


No soy yo muy de bandas sonoras pero hay algunas melodías que llevo grabadas a fuego en la cabeza y en el corazón, casi siempre acompañadas de la película que ambientan. Ésta es una de ellas y como en estos días no me vienen muchas canciones a la mente, me he sorprendido tarareando estas notas en una soporífera tarde. Y se me ha puesto la piel de gallina.

El otro día me explicaron cómo relajarse antes de dormir, prescindiendo de la química. Uno debe visualizar una imagen agradable y lograr meterse en ella, llenando poco a poco los cinco sentidos. De vez en cuando visualizo cuadros agradables a plena luz del día (me gustaría decir eso tan poético de que sueño despierta pero mentiría) así que probaré a llevarme esas imágenes a la cama, a ver si acariciada por mi almohada consigo la tranquilidad que me falta en los últimos tiempos.

Quiero ver una playa, no sé todavía si estaré tumbada en la arena o caminando por la orilla. O quizás, como el cartero de El cartero (y Pablo Neruda), pedalee feliz mientras a mis pies brilla el mar. Quiero tocar la arena y oler el salitre, a la vez que mis ojos vislumbran florecillas en las dunas o se dejan cegar por mil tonalidades de azul. Quiero oir el rumor suave de las olas, como hace años, y paladear un poco la felicidad. Y de fondo quiero que suene este tema, porque entonces además de descansar en mi playa privada, a mi alrededor será siempre verano y nadie llorará, porque es imposible ser infeliz mientras suena esta banda sonora que para mí es de una delicadeza sólo comparable a La vida es bella o Cinema Paradiso. De hecho, esta última tiene mucho en común con Il postino, por la ternura de sus personajes, la melancolía encerrada en unos fotogramas en blanco y negro y la presencia desoladora de la muerte. Porque resulta también imposible no sentir cierta tristeza al escuchar estas notas, las que Massimo Troisi, el actor protagonista, nunca pudo oir porque murió poco después de rodar las últimas escenas.

Estoy desvariando. Voy a callarme y que suene la música. Y que me vuelva a poner la piel de gallina. Porque además, tal día como hoy, hace no sé cuántos años, alguien me regaló este disco.



martes, 14 de abril de 2009

¿Resistiré?

EL DÚO DINÁMICO: RESISTIRÉ
Me volveré de hierro para endurecer la piel


Me da casi tanta vergüenza traer aquí a este Dúo como lo que voy a contar, y eso que la canción que comparto me encanta desde hace años, para qué negarlo. Pero resulta que el domingo por la mañana lloré mientras la cantaba... Estaba yo escuchando un programa de radio sobre "canciones para oir en el coche" y alguien sugirió este tema, que no sólo es fantástico para ir conduciendo sino que aparecía en el desenlace de Átame, cuando Loles León introducía un cassete en el coche en el que los personajes sellaban su reconciliciación. Átame es desde siempre mi película favorita de Almodóvar y muchos conocimos esta canción gracias a ese fotograma.

Bien, sonaba este fantástico estribillo y yo cantaba a grito pelado mientras me dedicaba a algún quehacer doméstico y ¡no pude seguir! Porque me ahogaba y notaba ya el agua salada mojando mi cara, qué cosas. No lo digo con orgullo sino con preocupación aunque probablemente se deba a demasiadas horas encerrada entre cuatro paredes viendo cosas no demasiado agradables. ¿O son años?

O quizás, ésta sea la mejor canción para momentos duros porque es terapéutico eso de cantar soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Y las estrofas son magníficas y sube y sube el tono en el estribillo y nos encontramos con una canción que nunca decae. Y quién se resiste a la tentación de tararear hasta la instrumentación, como hace Antonio Banderas... ¿Ven? Ya me ha vuelto a pasar, como a Victoria Abril en la película, esa lagrimilla traicionera. :)




jueves, 2 de octubre de 2008

Recuerdos en una pantalla

SERRAT: LOS FANTASMAS DEL ROXY
Películas de ésas que tú detestas y me chiflan a mí


Hablábamos no hace mucho de los recuerdos y prometí contar una pequeña historia, un mini-momento muy triste, que en parte ya desvelé y que dio juego para unos cuantos comentarios. Caminaba yo no hace mucho por el centro de mi ciudad (exiliada como estoy en los suburbios por motivos laborales, cuando voy por las zonas comerciales de siempre, encuentro novedades y cambios de todo tipo) y, como ya dije, me quedé petrificada al ver un Zara gigantesco donde durante años se levantó uno de los cines más característicos de esta urbe. Zas, toma bofetada de Amancio Ortega, una patadita en el culo que me sonó a "va, nena, ¿quieres seguir andando? ¿qué miras? ¡que no tenemos todo el día!", como si la vida moderna me empujara a codazos sin darme tiempo ni a enrabietarme.

Hace unos meses fui al pueblo playero en el que he pasado los mejores años de mi vida y me quedé paralizada, con un nudo en la garganta, mirando las ruinas de lo que fue hasta hace nada un cine de verano. Cutre, caro e incómodo pero creo que allí vi el 50% de las películas que guardo en mi memoria. ¿Recuerdan cuando arde el cine en Cinema Paradiso? Yo siempre lloro en esa escena (por cierto, vi por primera vez esa peli en el cine de verano, una noche con mis padres y amigos de ellos, con bocatas y mucha felicidad en el ambiente) y no miento si les digo que, frente a aquellos escombros sobre los que, cómo no, se van a edificar torres de apartamentos, noté cómo dos lagrimones me rodaban por las mejillas. He tomado la decisión de no volver a ese lugar. Porque la vida moderna puede ser una señora histérica que no me deja pararme a reflexionar pero al menos, no me puede obligar a elegir a dónde debo dirigir mis pasos. Ojos que no ven...

El caso es que por cada cine que he visto desaparecer, siento una punzada de dolor en una parte de mi cuerpo o de mi alma, si quieren. Cinéfilos como hemos sido siempre los Dumont, no quiero ni pensar lo que diría mi padre si supiera que se han cargado casi un decena de cines, no quiero ni sacar la cuenta exacta. En fin, como también hemos sido siempre bastante socarrones, cuando pienso en estos asuntos siempre me viene a la memoria una preciosa canción de Serrat que precisamente me descubrió mi padre, porque aunaba dos de sus pasiones: el cine y la música del noi del Poble Sec.

Los fantasmas del Roxy hace referencia a un viejo cine barcelonés (un cine de reestreno preferente que iluminaba la plaza Lesseps) sobre el que se construye un banco. Todo parece ir bien hasta que los clientes y el personal se empiezan a cruzar en su día a día con Rita Hayworth, Clark Gable o Fred Astaire y Ginger Rogers. Son los fantasmas del Roxy, que no descansan en paz. A ritmo de swing, Serrat canta a la nostalgia de la memoria que, inevitablemente, se mueve a ritmo de fotogramas. Además, homenajea a una serie de salas ya desaparecidas. Si Woody Allen escuchara este tema, tamborilearía el ritmo con los dedos sonriendo y no digamos ya Terenci Moix, a quien echo muchísimo de menos, cada año más. A mí desde luego, se me humedecen los ojillos al volver a escuchar esta joya.

Hace poco pillé de casualidad y, cómo no, de madrugada, una peli de Fred y Ginger en la tele (Carefree, traducida como Amanda) y sentí por unos instantes que en lugar de estar en mi salita, estaba en uno de esos gigantescos cines con arañas de cristal, en cuyas butacas los espectadores emprendían viajes maravillosos hacia mundos inexistentes. Y quise bailar, traté de zapatear torpemente e intenté imaginarme cómo estaría yo con uno de esos trajes de lamé y plumas...

Al día siguiente salí a la calle y vi un Zara de tamaño industrial en la calle Ruzafa y noté un golpecito sobre mi hombro. Escuché que una señora con cara de llamarse Realidad me decía al oído "sigue caminando, ¿pero qué te habías creído?". Y lo único que pude hacer fue sonreír tímidamente y decirle: "Perdone usted, por un momento creí ver a Paul Newman saliendo de aquel probador. Buenos días."

;)

J. MANUEL SERRAT: LOS FANTASMAS DEL ROXY (1989)



miércoles, 24 de septiembre de 2008

Adiós a Pedro Masó

KARINA: IGUAL QUE HOY

Abrimos hoy una sección llena de caspa y cariño que podríamos llamar "Hay que ver Cine de Barrio... a veces" y es que ayer fallecía el director, productor y guionista Pedro Masó y cuando reviso su filmografía me encuentro con títulos como Las chicas de la Cruz Roja, Sor Citroen, El turismo es un gran invento, La gran familia, El día de los enamorados, Los chicos de Preu o Atraco a las tres.

Y no, no vamos a hablar de él ni entrar en las películas porque no, esto no es un blog de cine, pero no puedo pasar por alto que en muchas de ellas hay fantásticos temas de yeyé, como en Chicos de Preu en la que ya la cabecera es una delicia (qué pasa, yo tengo este cartel en mi casa, si no les enternece eso de "a los 17 años todo es importante, es que no tienen corazón). Entre la pandilla de protagonistas está Karina, que es la estudiante rebelde, y para hacerse una idea, vean este vídeo en el que la rubia (que nunca ha sido santa de mi devoción, un poco palurdita, pero tiene buenos momentos) se marca un twist desenfrenado, rodeada de una banda que es un claro homenaje al Sergeant Pepper´s.



O si no, vean el inicio de Sor Citroen, con ese adictivo daba daba que ha dado lugar a un proyecto (descarguen cientos de dabadabas en www.dabadaba.com) y que en una ocasión me tuvo toda la tarde cantando en la oficina. Cuando una compañera me llamó la atención, le dije "me ha dado un ataque de daba daba".



Por otra parte, yo siempre digo (con esa seguridad que da decir cosas absurdas) que hay que ver Atraco a las tres al menos una vez al año. Y aquí nos ponemos serios porque ésta es una película tan cómica como amarga y desesperanzadora. La historia de los grises y mediocres empleadillos de un banco que planean un atraco, soñando con comprar un coche, un abrigo de visón... Eran otros tiempos pero el retrato de la España más deprimida es magistral, al contrario que aquella secuela también de Masó, Atraco a las tres y media.

Vean aquí una escena de la película que no me resisto a compartir ya que, aunque no es significativa, veo en ella de nuevo un homenaje inequívoco, esta vez al Jack Lemmon de El apartamento (¡ese bailecito!) con nuestro equivalente autóctono que, of course, es José Luis López Vázquez.

Y si tienen mucho más tiempo, pego también una entrevista con Pedro Masó (está en los extras del dvd) explicando cómo surgió la película, de la que él es guionista. Entenderán a este cineasta, padre de nueve hijos, que trabajó para comer y se manifestaba así en las entrevistas: "Mucha gente dice que le gusta ese cine intelectual por quedar bien, pero en el fondo les aburre horriblemente." Qué gran verdad.



viernes, 19 de septiembre de 2008

Samba de infancia

AURORA MIRANDA: OS QUINDINS DE YAYA
(De la película Los tres caballeros)


Ya, ya sé que esto no es un blog de cine. Por eso traigo una película con canciones y porque es fin de semana y hay que bailar un poco y porque esto es una pequeña joya de la animación en tecnicolor. O al menos a mí me trae recuerdos de infancia y con eso me basta.

Mi padre solía decir "¡qué haría Disney hoy en día con los ordenadores!", antes, lógicamente, del resurgir de la factoría y de que se aplicaran las más modernas tecnologías a los dibujos animados. Aún así, yo creo que nunca han vuelto a ser lo mismo, ya sea porque el efecto en pantalla es distinto, ya sea porque perdimos el impagable doblaje hecho en Sudamérica. O quizás es que recuerdo la etapa Disney inicial con el calor que da la memoria de los tiempos felices. El caso es que, mucho antes de que aparecieran "los ordenadores", el señor Disney ya hacía películas en las que juntaba a actores reales con ilustraciones y Los tres caballeros es uno de los primeros exponentes.

Esta peli es rara, donde las haya, y ha suscitado todo tipo de críticas. El público no la apoyó en su día, como tampoco apoyó Alicia en el país de las maravillas, los dos fiascos Disney que son mis favoritas por encima de todas y con diferencia. En Los tres caballeros se juntan varias cosas. En primer lugar, no hay una historia, sino una estructura por episodios, con la excusa argumental de que Donald recibe un regalo de sus parientes hispanos. Así, se van sucediendo cortometrajes con mayor o menor gracia, números musicales y mini-documentales, sobre pájaros exóticos, México... Pero no hay, digamos, unos personajes que participen en una trama y eso, de entrada, sorprende. Luego está el hecho de que la película sea un canto de hermanamiento con otras culturas, algo que para los americanos-yankees debió de ser surreal, pasando el límite del exotismo en cartón-piedra que tanto les gustaba en aquella época (estamos en el año 45, los tiempos de Dorothy Lamour, Maria Montez, Sabú y demás personajes a medio camino entre lo exótico y lo ridículo).

Los tres caballeros son el loro José Carioca (de Brasil), el gallo Panchito (de México) y el pato Donald, que cuando se juntan protagonizan un número que ha sido retomado en varias ocasiones, incluso por Bing Crosby, aquello de somos los tres carros, los tres caballeros y nadie es igual a nosotrooooooooos.... Crosby la cantó en inglés, of course, pero yo me sé de memoria las canciones de esta peli en español, qué le vamos a hacer.

Yo debía de tener unos 7 años cuando estuve en la cama con fiebre varios días sin ir al colegio y mi padre me alquiló esta película (¡en beta!). Me alucinó tanto que pidió a un amigo que tenía dos videos (la bomba en aquel momento) que me hiciera una copia, que por cierto todavía conservo y vi hace un año en el mismo vídeo beta que mandé arreglar. La habré visto... ¿20 veces? No lo sé pero recuerdo que el número de Brasil, Os quindins de Yaya (los pasteles de Yaya) me parecía siempre algo mágico y fascinante. En él Donald y Carioca bailan con actores reales y la protagonista es Aurora Miranda, hermana de la famosa Carmen, que recomendó a su hermana menor para este papel. Aurora era una excelente cantante profesional que grabó varios discos pero se retiró para hacer vida familiar y, qué cosas, murió hace casi tres años, el día de mi cumpleaños.

Hace unos meses me compré el DVD de la peli y ahora me he bajado la banda sonora, de manera que Os quindins de Yaya ha vuelto a sonar en mi casa (aunque la voz de Aurora Miranda no está en la grabación), no la escuchaba desde que era una cría. Al ver de nuevo la película, he vuelto a quedarme pegada a la pantalla, alucinando con que Aurora Miranda camine junto a Donald y Carioca en una calle de dibujos animados. Como cuando era un renacuajo, sigo preguntándome qué pasa cuando el libro se cierra con todos esos bailarines dentro.

Y me he alegrado mucho al comprobar que mi capacidad de sorpresa sigue siendo la de una niña de siete años, intacta como cuando vi Los tres caballeros por primera vez. Probablemente si pregunto o busco en Google encontraré cientos de sesudas explicaciones acerca de los trucos que hacen esto posible pero ¿a quién le importa?

Feliz fin de semana. :)

lunes, 4 de febrero de 2008

La espina del lunes

MAYSA MATARASO: NE ME QUITTE PAS

Ésta es Manuela Velasco, Premio Goya 2008 a la Actriz Revelación por su papel en Rec.

Ella apareció en La Ley del Deseo de Almodóvar cuando era una cría. Yo no.

Ella lleva unos diez años haciendo televisión y papelitos en series y películas, hasta que le ha venido la gran oportunidad. Yo llevo unos 9 años malviviendo detrás de ordenadores varios, tecleando sin cesar para parir textos de todo tipo, después de una experiencia breve (y nada intensa) en una televisión local. O sea, 9 años con una espina clavada.

Ella es sobrina de Concha Velasco. Yo no. Por cierto, tengo la impresión de que la chica se lo ha currado, a pesar del parentesco, ha hecho las cosas despacito y con buena letra. Bien por ella.

Ella tiene un año más que yo.

Sus abuelos maternos vivían en una zona militar de Madrid. Los míos también.

Su abuela era íntima amiga de mi abuela, todos los días se veían y charlaban, de las cosas que hablan las abuelas. Su abuela murió hace unos años, la mía afortunadamente no.

Ella y yo jugamos juntas cuando niñas, durante mi año de vida en la capital. Ella me hacía la puñeta porque era más mayor y yo ahora lo recuerdo con una sonrisa.

Ella no me conoce de nada, probablemente ni recuerde aquellos juegos.

Ella hoy se habrá levantado con los ojos brillantes y un Goya en el salón, a saber a qué hora. Yo he entreabierto los ojos a eso de las 7, los he vuelto a cerrar, me he dormido y he llegado justita de tiempo a trabajar, después de inyectarme café y catapultarme bajo la ducha.

Esto no es un homenaje a Manuela Velasco, sino a mis recuerdos de infancia. ¿Qué se creían ustedes? :)


Impresionante versión del Ne me quitte pas de Brel, por Maysa Mataraso en La Ley del Deseo. Creo que cuando el abuelo de la niña vio la peli, alzó significativamente las cejas...

martes, 22 de enero de 2008

Río de la luna

AUDREY HEPBURN: MOON RIVER
(Henry Mancini, BSO Desayuno con diamantes)


El pasado domingo, 20 de enero, se cumplió el 15 aniversario de la muerte de Audrey Hepburn y creo que es de justicia hacerle un pequeño homenaje. Una mujer de la que conocemos tanto su físico como poco su interior, aunque ya en los últimos años se han editado biografías y semblanzas de ella. De Audrey Hepburn hemos oído la historia de que pasaba información a los aliados, que su delgadez viene del hambre que pasó en la Segunda Guerra Mundial o que tenía orígenes aristocráticos. Pero pocos saben que Audrey acusó toda su vida la falta de la figura paterna, que su único objetivo fue tener hijos y arrastró durante toda su existencia la frustración de haber sufrido varios abortos, que era sexualmente activa, hogareña, tacaña y un poco introvertida. Decidió vivir en Suiza y acudir a USA sólo para rodar, ya que su familia era su prioridad absoluta, lo que la sumiría en una tristeza profunda al afrontar dos fracasos matrimoniales y la mencionada falta de hijos (tuvo sólo 2). Audrey quería ver a decenas de niños correteando por su casa de campo y por eso al dejar el cine tomó la decisión de ser embajadora de UNICEF.

Blake Edwards adoraba a Audrey Hepburn. Era preciosa, amable y muy profesional, además de buena actriz. Solía referirse a "mis dos Audreys", ya que su mujer se llamaba así también. Cuando se planteó el rodaje de Desayuno con diamantes, se habló de Marylin Monroe para el papel de Holly, la prostituta sofisticada. Finalmente la protagonista fue Audrey y como no tenía aspecto de puta, se quedó en "chica alegre" muy, muy, sofisticada. Por eso Truman Capote renegaría siempre de la adaptación de su cuento pero la película quedaría como una encantadora comedia totalmente "blake-edwardiana" con su puntito de caos, de elegancia y, cómo no, una fiesta multitudinaria en la línea de El Guateque.

Si pensamos en el guión sin haber visto la película, puede parecer extraño insertar una canción, cantada además por la propia Hepburn, que no tenía una gran voz (fue doblada en My Fair Lady aunque dio la talla en Una cara con ángel). Edwards no lo tenía claro y cuando visionaron el primer montaje del filme, habló de quitar esa escena a lo cual su actriz se mostró enérgica diciendo "¡por encima de mi cadáver!". Y ahí se quedó.

Pero si pensamos que la banda sonora de la película era del enorme Henry Mancini y que esta canción es una de sus obras maestras, entendemos la reacción de la Hepburn. Quizás sea ñoña y quizás sea forzada la escena, pero Moon river es conmovedora, maravillosa, y nunca nadie olvidará la imagen de la chica frágil con el turbante y la guitarra, cantando en la ventana que da a la escalera de incendios, sin saber que el guapo George Peppard la observa.

domingo, 16 de diciembre de 2007

De azul vestías tú

LOS RODRÍGUEZ: LA MIRADA DEL ADIÓS

Queridos renacuajos, es domingo por la tarde y, rodeada de aburridos apuntes de gramática alemana, quiero hacer un alto en el camino para reflexionar en el odioso ambiente que se respira a estas horas de la semana. Vamos a intentar hacer una carambola cibernética, estrictamente basada en hechos reales.

De vez en cuanto me baila una frasecilla en la cabeza y tarareo una canción de Los Rodríguez, La mirada del adiós. Es curioso pero esa canción me viene a la cabeza una y otra vez desde hace años y he pensando miles de veces en el significado de ese arranque tan genial: Cuando me di vuelta ya no estabas, yo sólo buscaba la mirada del adiós. Siempre te escapabas y no hubo ni siquiera esa mirada del adiós entre los dos.

Andrés Calamaro tiene un defectillo... y es que a veces es un poco cansino. Entiéndanme, el argentino es genial (que no un genio) pero cuando te lanza un doble lp y apenas un año después te vuelve a lanzar un ¡quíntuple! cd y a eso le sumas la reedición de sus 3 primeros trabajos y un disco de tangos y canciones populares... Pues una coge "calamaritis", que es un mal que te impide acercarte a él durante tiempo, hasta que un día, de repente, por sorpresa, descubres que te has curado y quieres oir algo de él o recuerdas que tenía una canción que te encantaba. Y lo retomas pero con cuidado, para no recaer, escuchas un lp llevadero (Honestidad brutal), algo de Los Rodríguez (evítese cualquier hit insufrible tipo Hace calor o Canal 69) y te reconcilias con el argentino.

El caso es que Andrés hace grandes canciones y de vez en cuando, al menos a mí me pasa, te salpica una frase redonda como la que hoy nos ocupa. Ignoro si es suya o de alguno de sus compinches, o si está extraída de algún otro autor, la cuestión es que estas palabras son BRUTALES... Cómo captar en cuatro palabras algo tan impalpable e intenso como un sentimiento, una percepción o toda una historia de amor resumida en un gesto: la mirada del adiós. ¿Alguien no ha sentido alguna vez que hacía algo o miraba a alguien por última vez en su vida? ¿Alguien ha experimentado alguna vez esa mirada tan especial? O lo peor, darse la vuelta y ver que ya no hay nadie, saber que esa mirada no está y que la historia ha terminado para siempre; como bien reclama Calamaro, todos tenemos derecho a la mirada del adiós. Esa manera especial de mirar que tiñe luego los recuerdos de sepia o blanco y negro.

Vamos ahora con la pirueta. Estaba yo un día navegando en la red, aburrida, y se me ocurrió teclear "la mirada del adiós" en Google, un divertimento que me llevó a la web oficial de Pedro Almodóvar, en la que se explican ampliamente todas sus películas. Y La mirada del adiós aparecía, oh dios mío, como epígrafe en mi película preferida del manchego: La flor de mi secreto. Probablemente una de las más normales que ha hecho en su colección de despropósitos, una historia de amores y desamores sencilla, en la que las amigas se engañan, los maridos se desenamoran y los gorditos acaban enamorados hasta las trancas de las chicas guapas. A Marisa Paredes está a punto de abandonarla su marido y así explica el propio Almodóvar la escena de la ruptura:

Los escalones que le alejan de Leo suenan como campanas que tocan a muerto. Y eso es lo que anuncian, la muerte de su amor.
Recostada en la esquina del descansillo, Leo escucha paralizada el sonido de las pisadas de Paco. Una a una, escalón por escalón, hasta llegar a la calle.
Es la mirada torrencial del adiós.
No quise quitarle un solo fotograma, un solo peldaño, una sola lágrima. A partir de ese instante Leo y Paco caminan en direcciones opuestas.



Im-presionante ¿no?














Estos días he vuelto a pensar en la dolorosa mirada del adiós y la mala costumbre que tenemos de bajar la vista cuando la otra persona tiene derecho a ver nuestros ojos en ese momento. Pero claro, es más fácil desviar la mirada y centrarse en, por ejemplo, vigilar dónde ponemos el pie para dar el siguiente paso mientras caminamos. Al fin y al cabo, se trata de seguir andando.

Para terminar, ya que he enlazado con La flor de mi secreto, aprovecho para compartir otra frase que me viene muchas veces a la mente, que está en el fantástico guión de esta película. Toda ella está plagada de guiños a los clásicos y uno de los más emotivos es el empleado por Juan Echanove, parafraseando a Bogart en Casablanca, para declarar su amor (algo antiguo y torpón, de los de antes) a Marisa Paredes. Cuando Ilsa le pregunta a Rick si recuerda la última vez que se vieron, él contesta: Recuerdo perfectamente ese día (era el día que los alemanes ocuparon París). Los alemanes vestían de gris y tú de azul.

Cuando a Marisa Paredes la abandona su marido, se lanza a la calle con la intención de suicidarse de alguna manera, andando sin saber muy bien a dónde ir. Se pierde en una multitudinaria manifestación de estudiantes y entre la muchedumbre, a punto del desmayo, Echanove la recoge y la lleva a su casa. Ella viste de azul. Tiempo después, tras cenar juntos pasean por la preciosa Plaza Mayor de Madrid y él le dice a ella, con esa mirada inconfundible del gordito enamorado: De azul vestías tú el día en que huyendo de tu vida te chocaste con la mía.

GUAUUUUUUUU... sobran las palabras. :'')

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El pobre diablo enamorado



Ya, ya sé, aquí se trata de hablar de canciones, que no es un blog de cine ni lo pretende, pero es que he estado pensando mucho estos días en una de mis películas preferidas, entre otras cosas porque tengo que preparar una mini-exposición y la he elegido como tema. Y me han venido muchas ideas a la cabeza, a las que no dejo de dar vueltas, me rebotan constantemente y lo hacen, cómo no, de la mano de canciones. Historias mínimas, al igual que la que se cuenta en El Apartamento, una historia cotidiana en una ciudad llena de seres anónimos. Por eso quiero hacer un experimento: primero la peli y luego las canciones.

Esta obra maestra de Billy Wilder es la historia de un hombre gris y pequeño, enamorado de una mujer gris y pequeña, en una ciudad, en una oficina, llena de seres igualmente anodinos. Ni siquiera su jefe se salva. Como bien nos explica Wilder a través de la voz en off genial al principio, Nueva York es una ciudad llena de cifras abrumadoras: 8.042.753 habitantes que, tumbados en el suelo en línea recta llegarían desde Times Square a las afueras de Karachi, en Pakistán; una oficina que cuenta con 31.259 empleados y genera al año 5.3 miles de millones de dólares en pólizas. Piso 19. Sección W. Mesa 861. J..., ¡sólo este principio ya me parece una genialidad absoluta, cerrando el objetivo hacia el ser que va a protagonizar la historia!

A lo que nos ocupa. Para empezar, diré que llamar "comedia" a esta película me parece una de las inexactitudes más flagrantes que se han cometido con eso de "etiquetar" los productos para que los correspondientes departamentos de marketing trabajen más cómodamente. A mí parece una de las historias más tristes que he visto. Una de las virtudes que se le suelen atribuir, es que no hay buenos ni malos, quizás por eso no es difícil identificarse con estos personajes tan entrañables, porque en la vida no hay mejores ni peores, todos somos perdedores y todos nos merecemos respeto y cariño. Al igual que el increíble Jack Lemmon, capaz de provocarnos rechazo y ternura a partes iguales. Y la frágil señorita Kubelik (Shirley MacLaine), que nos parece simpática y no es más que una tonta enamorada que aspira a vivir como una señora.

La historia es bien sencilla. Un tipo, contable raso, presta su apartamento a los jefecillos para que estos lleven allí a sus ligues; incluso se ve obligado a dormir en un parque, pero todo vale con tal de medrar en la empresa. Un día, un jefazo le pide la exclusiva de la llave, prometiéndole un super ascenso. Y resulta que la mujer que el jefazo, casado, quiere llevar allí no es otra que la encantadora ascensorista de quien el oficinista está perdidamente enamorado, aunque éste no lo sabe. Ya he contado bastante. La película está llena de guiños metafóricos: el oficinista quiere que le trasladen a pisos superiores, porque eso significa un ascenso; la ascensorista sube y baja todos los días, pero vive en territorio de nadie, con la esperanza de subir algún día al corazón del jefazo y quedarse allí; los de arriba quieren la llave del de abajo; el de abajo quiere la llave del cuarto de baño de arriba (lo que supone que tendrá un despacho arriba); la chica se enamora del cabrón adúltero en lugar de hacerlo del chico bueno (esa durísima frase, "Oh Dios mío, por qué no podré enamorarme de un hombre como usted. Qué loco y qué bueno es usted."); los adúlteros ponen los cuernos a sus mujeres, pero sólo en el apartamento del pobre diablo ("¿Traes a todas las chicas aquí? ¡No! ¿Por quién me tomas? Soy un respetable hombre casado..."); los vecinos del pobre diablo creen que es él el que lleva una vida de juerga continua; en fin, todo lo que gira en torno al apartamento de Lemmon se resume con la frase que éste pronuncia en la memorable noche de borrachera en el bar: "He dicho que no tengo familia, no que mi apartamento esté vacío."


En fin, El Apartamento es un cuento urbano sobre la soledad; la redención que da el amor (porque Wilder no es del todo pesimista); la ambición que tenemos todos por subir, a alguna parte; la vida y el anonimato en las grandes ciudades; la compañía que no aporta nada; la ceguera que a veces nos impide ver a las buenas personas y nos lleva a enamorarnos de quien no nos causa más que dolor.

Ya en términos más cinéfilos, El Apartamento es un guión pluscuamperfecto en el que nada falla, todo está medidísimo y sin embargo es de una sobriedad absoluta, contándonos lo justo y necesario y combinando magistralmente la ironía con el drama, para que a uno se le quede esa sonrisa amarga y tristona que sólo saben crear los grandes genios. Como la archiconocida escena del espejo en la que, sólo con un plano, Lemmon se entera de lo que todos ya sabemos acerca de su enamorada. Y ella pronuncia la frase más triste del cine cuando él le da su espejo de mano y le dice que está roto: "Ya lo sé, me gusta así. Así me veo tal y como me siento". Ahora recuerdo, y cobran sentido, las palabras de Fernando Trueba al recoger su Oscar por Belle Époque: "I don´t believe in God, I just believe in Billy Wilder".

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Bien, vayamos a las canciones.

Es curioso, que algunos boleros tienen letras increíbles pero como resulta un género tan cansino (en mi humildísima opinión), no les prestas atención hasta que no los canta otra voz, con otro estilo, o quizás un día te paras a escuchar y piensas "¿y esto es lo que llevo oyendo tantos años?". Redescubrí esta canción este verano, en la voz de Calamaro y la escucho más o menos cada semana, siempre busco un hueco porque me emociona, no lo puedo evitar. Algo contigo es la canción del amigo enamorado, el que no puede soportar estar cerca de su amiga porque en realidad se muere por darle un beso y amarla. ¿Hoy lo llamarían "pagafantas"? Quizás, el caso es que este tipo de historias han existido siempre y seguirán sucediendo, todos hemos sido Buddy y en otros momentos la señorita Kubelik, porque las relaciones entre seres humanos son así, te enamoras de quien no debes, se confunden los sentimientos y a veces no sabes cómo aguantarte para no gritarle a la persona que tienes al lado que tú eres lo que está buscando (¿es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?). Igual que Buddy-Lemmon y la señorita Kubelik, condenados a subir y bajar pisos sin estar nunca juntos...

Algo contigo - Andrés Calamaro




Y ésta es una canción de la mejor etapa sabiniana, cuando Sabina se dedicaba a explorar las miserias que encierran las ciudades, a todas las horas del día, y no sólo cuando ladran los perros del amanecer. Ciudadano Cero es una historia que nos han contado miles de veces, incluso aventuraría sin equivocarme que está basada en un hecho real publicado en algún periódico. Es la historia del Don Nadie (un individuo de esos que se callan por no hacer ruido, perdedor asiduo de tantas batallas que gana el olvido) que un día decide cometer una matanza para que todo el mundo sepa de su existencia, harto de luchar contra el anonimato que le asfixia en la gran urbe, con un grito desesperado: ¡ahora sabrá España entera mis dos apellidos! Y lo mejor que tiene esta canción es que está contada con tono de novela negra y en forma de monólogo, el que pronuncia el dueño de la pensión donde se aloja el sujeto, interrogado por el comisario. Ni un taco, ni un chistecito fácil de los del Sabina de ahora, pura crónica urbana que te pone los pelos de punta, en tiempos en los que los oficinistas americanos salen de una reunión y la emprenden a tiros contra todo el departamento. Oficinistas que trabajan en el piso 19, sección W, mesa 861...

Ciudadano cero - Joaquín Sabina



martes, 12 de junio de 2007


¡FELIZ NO-CUMPLEAÑOS!


Que síííííííí..... Mi película infantil favorita de todos los tiempos, junto a Los 3 Caballeros. Mientras los modernuzos veían La Bola de Cristal yo me levantaba a las 8 los sábados y me ponía esta peli, una y otra vez, sábado tras sábado, semana tras semana.... El sombrerero loco, dodó, la reina de corazones, la oruga fumadora, las flores, el pequeño rey, el gato "risón"... Una copia de beta, madre mía.... Y todavía sé cantar de memoria toooodas las canciones, con ese asssento de doblaje sudamericano... sniffff......

Pues eso, que... ¡¡¡feliz feliz no-cumpleaños a todos!!!!