domingo, 22 de enero de 2012

Quedarse en paro requiere un duelo

THE POLYPHONIC SPREE: LITHIUM (NIRVANA COVER)

Buenos días, amiguitos, en una soleada y somnolienta mañana de domingo... Sería pretencioso presuponer que me han echado ustedes de menos, por lo que les diré que mi vuelta responde únicamente al absurdo y altruista deseo de poner en marcha un proyecto que llevo tiempo pensando y para el que ahora me siento con plenas fuerzas. Si uno tiene un local apañado, cómodo, familiar y conocido por sus allegados, ¿por qué alquilar una oficina nueva? Por eso he vuelto a mi blog, antaño de vivencias musicadas, para volcarles un aspecto de mi vida con la única intención de contribuir, con mi pequeño granito de arena, a aliviar esta situación negra y desesperanzadora que a todos nos invade.

El 31 de agosto de 2009 concluyó la primera etapa laboral de mi vida. Cerca de 10 años de trabajo ininterrumpido (sólo 2 meses en paro), en distintas empresas y ramas. El 15 de julio de 2010 finalizó mi último trabajo, por lo que podemos considerar que llevo un año y medio en el dique seco, tratando de avanzar todos los días en este difícil camino que supone estar en el paro; notando, eso sí, que cada día la senda es más fácil de transitar. Yo no sé si estoy al final del camino o me queda todavía un tramo (¡espero que no!) pero creo que en este tiempo me he hecho experta en esto del desempleo, tanto que lo podría añadir a mi currículum como una capacidad más. He recibido consejos profesionales, he sacado mis propias conclusiones, he tratado de aplicar el sentido común a situaciones de todo tipo y he vivido miles de anécdotas. Por eso me he decidido a hablarles claro, a intentar ofrecerles mi visión (aviso, muy pragmática) y mis consejos en una situación que por muy buen humor que uno tenga, es desesperante y muy dura.

Me preguntarán ustedes por las canciones. No, no se me olvidan. Intentaré aconsejarles en cada entrada algo qué escuchar, alegre o no, pero que a mí me haya conmovido de alguna manera. Hechas las aclaraciones previas, comencemos.


LA PÉRDIDA DEL EMPLEO EXIGE UN PROCESO DE DUELO

Quedarse en el paro es una PUTADA mayúscula. Y me gustaría que esto se les metiera en la cabeza a todos aquellos que, como yo hacía cuando tenía un trabajo, están hartos y comentan en voz alta eso de “ojalá me tiren” o “un día de estos me voy”. Ha sido siempre una PUTADA, no nos engañemos, aunque es cierto que ahora se puede tornar en desgracia por culpa de esta crisis que hace cada vez mas difícil reinsertarse en el mercado laboral. Pero estamos hablando de una PUTADA y lo repito para dejar bien claro ese término y para que sepan por dónde van a ir los tiros en este blog, advertidos quedan.

Una vez me dijeron que la pérdida de un empleo es una pérdida y por lo tanto exige un proceso de duelo y como yo de eso sé un poco, procedo a explicárselo a los que no saben de qué les hablo. Cuando uno pierde algo en su vida, debe pasar por unas etapas para cerrar el duelo y seguir viviendo sin eso que le falta, que puede ser una persona o un trabajo. Pero si no cerramos el duelo, la herida puede sangrar permanentemente y, hablando claro, nos volveremos locos y seremos infelices.

No hay que dramatizar el desempleo pero conviene asumirlo como lo que es y creo que nos puede ayudar conocer las etapas del duelo:

LA NEGACIÓN. A todos nos ha pasado y especialmente a mí, que me he quedado dos veces en la calle coincidiendo con el verano. Se tiene un subidón de euforia, que confundimos con llevar al extremo el “ánimo, no te vengas abajo” y uno se gasta el dinero que no tiene en unas vacaciones o sale a celebrarlo con amigos porque en el fondo no acaba de ser consciente de lo que ha sucedido y de lo que está por llegar.

LA TRISTEZA. Un día uno se levanta y está hundido y no sabe por qué, si días antes estaba tan feliz pensando en que no le iba a resultar difícil encontrar un trabajo. Suele pasar cuando uno se da cuenta de que toda la gente de su entorno está trabajando y uno se encuentra a media mañana desubicado, sin saber qué hacer. Lloren, griten, quéjense, den pena... están en su derecho.

LA IRA. De repente, todo nuestro dolor se ha convertido en una rabia intensa, en un cabreo monumental contra quien nos ha despedido (aunque cuando sucedió hubiéramos entendido que no había más remedio), contra quien nos rodea, no podemos soportar que el resto de la humanidad tenga un trabajo, mataríamos a los políticos y al mismísimo Obama por esta crisis de mierda. Esta fase es necesaria pero sin duda es la más insoportable para quienes nos rodean.

LA COMPRENSIÓN. Finalmente, descubrimos que nos hemos relajado. Que vivimos una situación horrible pero que ya no sirve de nada llorar ni buscar culpables y decidimos adaptarnos a nuestra nueva vida y comenzar a actuar para resolver esta situación anómala. Sabemos que muchas cosas no serán como antes, pero no nos queda más remedio que tirar para adelante.

Todos debemos pasar estas fases, sin excesos ni autocomplacencias, pero sabiendo qué nos pasa en cada momento. En estos meses he descubierto que estar en el paro es un proceso de auto-conocimiento y más adelante se lo explicaré. Así que démonos un respiro (vacaciones, cenas) pero no dejemos de asumir nuestra nueva situación; lloremos pero no nos quedemos en lágrimas que no resuelven nada; enfadémonos, porque eso nos dará fuerzas, pero no nos amarguemos porque nadie quiere aguantar a un amargado y además, esa amargura puede bloquearnos. Y al final, asumamos lo que pasa, iniciemos nuestra nueva vida con la idea de que es transitoria pero no por ello debemos dejar de llenarla, siempre con el objetivo de encontrar trabajo. Aunque para eso hace falta pensar y lograr muchos objetivos previos, esto es como un videojuego de plataformas, ya les contaré por qué...

Prometo no volver a extenderme tanto... La canción de hoy, para arrancar, una de mis favoritas del optimismo. ¿Se imaginan una versión de Nirvana a cargo de un coro de locos que casi parece de una secta? Yo me la ponía a volumen brutal cuando iba en el tranvía camino de mi academia de alemán en Berlín. Aquí la tienen.


3 comentarios:

Mistress Mary dijo...

Gracias por compartir esta reflexión con nosotros.
Yo he sido autónoma desde 1996, antes incluso de terminar la carrera. Me contrataron únicamente en mi primer trabajo (azafata con idiomas en la Feria del Mueble en Valencia), eso que te daban de alta para diez días y luego de baja y a otra cosa mariposa.

Todo esto que cuentas me parece muy ilustrativo porque yo no puedo entender "lo que se siente". Nunca me han echado; al contrario, he tenido que dejar a clientes porque no pagaban, etc. Después de una relación profesional larga y fructífera, que pase eso también cuesta de asimilar... tal vez esa sea nuestra putada, la del colectivo freelance. Perder un cliente cuando el motivo no es que trabajes mal.

También entiendo algo de perder a personas y de lo que viene después, aunque nunca se me había ocurrido esta interesante analogía.

Aun así, me da la impresión de que no se puede aplicar al común de los trabajadores en paro. Se oye mucho eso de "de momento a cobrar, ya buscaré algo cuando se me acabe el paro". Pero no lo sé. Me cuesta ponerme en la piel del empleado por cuenta ajena. Seguiré leyendo para conocer ese punto de vista.

Lucia dijo...

Hola! Llevo en el paro desde octubre y gracias a Dios mis hermanos y mis amigos tienen trabajo. Y entiendo lo que has escrito. Es duro y te sientes perdida. Gracias.

Margaret Dumont dijo...

La vida del autónomo y el freelance daría para un blog entero, sobre todo ahora que el mercado está reventado en cuanto a tarifas. Pero Mistress, yo sigo pensando que el que trabaja bien obtiene sus frutos, al igual que el que se plantea el desempleo como una etapa de esfuerzo acaba obteniendo su recompensa. Claro que oirás tonterías así a mucha gente pero creo que los que tratamos de encauzar la situación estamos en el buen camino, quitando golpes de suerte que muchos tienen inmerecidamente.